Posteado por: raquelandia | Diciembre 4, 2007

Octavo día. Sydney

Llegados a este punto, de vuelta a la gran ciudad de Melbourne, aún me restaba una semana más en este fantástico e inmenso continente. Después de más de quince días recorriendo la costa de Queensland, las vacaciones para muchos habían terminado. Pero no para mí. Así comenzó una parte muy importante de mi viaje, la que iba a realizar conmigo misma. Los viajes en compañía de amigos son especiales, lo más bonito es recordar cada detalle después. Pero hay veces en la vida, como decía mi amigo Sam (compañero mejicano con el que compartí velero), que necesitas hacerlo solo. Y aquel fue mi momento. Una fría mañana de invierno partí hacia Sydney desde Wangaratta, un pueblo vecino a Melbourne, donde uno de mis amigos vive y de quien me ajencié un sofá para pasar la noche al llegar de Cairns.

11 horas. Parece un trayecto largo pero a mí se me pasó volando. Hay que tener en cuenta que estaba cruzando del estado de Victoria, donde Melbourne es la capital, al estado de Nueva Gales del Sur. Es la mejor manera de percatarse de lo grande que es Australia en realidad. De hecho, uno de mis amigos comparó el mapa de Europa superponiéndolo al australiano en la misma escala, y aún sobraba espacio y espacio en este último.

Sydney es la ciudad perfecta. Me encanta. De hecho, está muy bien estructurada y puedes desplazarte fácilmente en ella sin agobios, a pesar de ser la más grande y antigua de todo el continente, y tener más de 4 millones de habitantes. La primera mañana allí me levanté con ganas de verlo todo. Hacía sol y no tanto frío como en Melbourne, así que caminé todo el día. Mapa en mano atravesé la ciudad de sur (donde estaba mi hostel) a norte, trazando un círculo que se abría primero hacia el este. Paseando entre plantas de mil especies nuevas para mí en el Jardín Botánico, llegué al mar. Y al doblar una esquina, allí estaba. Magestuosa, enorme, bellísima: Sydney Opera House. Os prometo que después de haberla visto en tantas ocasiones en miles de imágenes diferentes, esta vez fue distinto. ¡La tenía delante de mí!

Hay mil cosas que ver, esquinas que visitar, todo es nuevo, moderno y enormemente atractivo. Harbour Bridge, The Rocks, Chinatown, Martin Place (su pequeña plaza central), el Jardín Botánico, Circular Quay, el Acuarium (enorme! y con Nemo y todos sus amigos!) … y sus playas, aunque de eso hablaremos otro día. De momento, disfrutad de un pedacito de todo aquello.

Posteado por: raquelandia | Diciembre 2, 2007

Séptimo día. Regreso a Melbourne

Así que, después de casi tocar un sueño… regresé a Melbourne. Y volvemos al punto de partida. Esta ciudad es muy acogedora aunque quizás no lo parezca, por lo grande y cosmopolita. Aunque esta vez era distinto, me recibía de una manera diversa, como quien recibe a álguien que ya conoce. Y aún me recibiría una última vez más, porque aún quedaba la última parte de este increible viaje.

Posteado por: raquelandia | Diciembre 1, 2007

Sexto día. Llegada a Cairns.

Pasamos dos días increíbles en Ingham, y continuamos nuestro camino. A Cairns, nuestra última parada en Queensland, llegamos por la noche, agotados. Encontramos nuestro hostel, el “Bohemia Resort”, un poco apartado del centro pero muy acogedor y llenísimo de gente de todas las procedencias posibles. Y para nuestra sorpresa, allí encontramos a amigos canadienses que habían viajado con nosotros en aquel barquito velero entre las islas Whitsunday.

Lo mejor de viajar por Australia y especialmente por Queensland, es que mucha gente sigue la misma ruta, y encuentras al mismo grupo en más de una ocasión durante el viaje. Cairns es un lugar turístico donde la mezcla de razas y culturas es simplemente alucinante. Aprendí en Ingham que los habitantes de estas regiones tropicales han vivido durante gran parte de su existencia de las plantaciones de caña de azúcar y la venta de frutas. Hasta la llegada de este turismo tan descomunal que les ha desbordado. Y Cairns es un perfecto ejemplo. Casinos en cada rincón, playas y complejos acuáticos enormes, discotecas, pubs, bares, restaurantes con la mayor variedad de platos que jamás he visto… y los reyes del entretenimiento, los viajes a la Gran Barrera de Coral.

Llama la atención la gran cantidad de ofertas disponibles para ver de cerca a esta, por otra parte, gran maravilla de la naturaleza. El puerto de Cairns está repleto de barcos de todo tipo, en los que se ofrecen viajes en el día, estancias en el mar de una o dos noches, y sobre todo, cursillos acelerados sobre cómo usar las bombonas de oxígeno para poder sumergirse inmediatamente e intentar encontrar a Nemo. Nadar entre el coral, quién lo habría dicho. Y así de fácil. Siempre pensé que resultaría complicadísimo acercarse lo más mínimo al coral, puesto que es un animal vivo y en seria amenaza por el cambio clímatico. Pero no. Allí estaba yo, aletas y a bucear. Y les vi, a todos los amigos de Nemo, y por un instante a él mismo, pez escurridizo donde los haya, incluso nadé entre tortugas, y aquel colorido bajo el agua, increíble. Pero a la vez, me sentí una intrusa, álguien ajeno que les incordiaba, que temían, que no conocían, que no les gustaba.

Tiritando, regresé al barco. Me deshice del traje de neopreno y cogí mi cámara. Aquí tenéis algunas de esas fotos que hice, junto con un recorrido por Kuranda, un pueblecito perdido entre la jungla al que llegué en skyrail y del que regresé en tren. Allí la cultura aborigen se palpa en cada esquina. Y sus animales, indescriptibles.

Posteado por: raquelandia | Noviembre 29, 2007

Quinto día. Ingham

Y me calcé de nuevo mis zapatos, para seguir caminando. Después de dos noches y tres días navegando por aguas del Pacífico, regresamos a puerto desde las islas Whitsunday. Y por fin recuperé mi calzado, confiscado el primer día que subí a la cubierta del barco. En cuestión de horas, estaba de nuevo sentada en un autobús recorriendo kilómetros de carretera infinita, aún con la sensación de balanceo en el cuerpo.

Nuestra siguiente parada planeada era Mackay. Pero nunca llegamos a visitar aquella pequeña ciudad. En su lugar, nos desviamos de la ruta intencionadamente para visitar a una familia muy especial. Allí, a miles de kilómetros de su país de origen, vivía un matrimonio italiano, ella, del mismo pueblecito que uno de mis amigos, Forni di Sopra, Friuli Venezia Giulia, Italia. Alrededor de 50 años habían pasado desde el día que decidieron emigrar a Australia. Y así es Ingham, una pequeña región del norte de Queensland formada en su mayoría por emigrantes españoles vascos e italianos, que llegaron con la ilusión de comenzar de nuevo en un país que les ofrecía su riqueza y un mejor nivel de vida.

Las puertas de su casa se abrieron para nosotros. Al igual que sus corazones. Al igual que los nuestros. Allí descubrí el verdadero alma de Australia, allí vi cosas que nunca imaginé llegar a ver. Niños en el colegio permanentemente descalzos jugando sobre una hierba siempre verde, plantas tropicales repletas de fruto, dobladas por su peso, gente que mantiene una sonrisa perpetua, que ofrece todo lo que tiene, que transmite calma, que ama sin apenas conocer. Y nunca olvidaré a Nesio y su pequeño jardincillo trasero en el que plantaba basílico y achicoria como buen italiano, plantaciones sabiamente protegidas de mil y una formas tratando de evitar el ataque nocturno de los wallabies (canguros de una raza mediana) que tanto les gustaba probar nuevos sabores. Ni olvidaré las comidas de Flavia que verdaderamente me hicieron sentir no tan lejos de casa a millones de kilómetros. Especialmente aquellos desayunos repletos de zumos de impronunciables frutas que todavía hoy mi paladar echa tanto de menos…

Aquí os enseño un poquito de todo aquello, que lo disfrutéis:

Posteado por: raquelandia | Noviembre 25, 2007

Cuarto día. Airlie Beach y Whitsunday Islands

Nunca había navegado en un barco de vela antes. Es una experiencia fantástica. Después de nuestra parada en Rockhampton, continuamos nuestra ruta hacia el norte deteniéndonos en Airlie Beach. Esta pequeña península está habitada por menos de unas 3.000 personas y es uno de los puntos turísticos más famosos de la región de Queensland. Desde sus costas parten docenas de barcos todos los días y el turismo de backpackers o mochileros es el que prima generalmente. Reservar un sitio en uno de estos barcos es la opción más habitual entre los turistas que quieren ver más de cerca las maravillas que, ya a esta altura de la parte este de Australia, se aproximan a la Gran Barrera de Coral. El principal destino son las islas Whitsunday, un paraíso virgen con playas de arena blanca y las aguas más azules del planeta.

Dormir en medio del Océano Pacífico terminó de completar la aventura. Embarcamos una tarde después de un largo recorrido en autobús. Éramos una tripulación de casi 20 personas, de todas las nacionalidades y países, de todas las lenguas, y la común, el inglés. Canadienses, estadounidenses, irlandeses, alemanes, suizos, italianos, mejicanos… y una española, servidora. Navegamos durante dos días haciendo un recorrido completo entre las islas, deteniendo la embarcación para bucear y ver los fondos marinos y para explorar alguna que otra isla. Lo mejor del viaje: la noche. No me refiero a la juerga en el barco, que también, sino a lo mágico que hay en leer las estrellas de otro hemisferio diferente al de uno mismo. Y allí, en la popa del barco té en mano, envueltos en mantas y tumbados bajo un cielo por completo despejado, aprendimos del capitán, un viejo lobo de mar, a interpretar el firmamento.

De vuelta ya el último día, el mar embravecido nos enseñó a izar las velas, a agachar cabezas y agarrarse fuerte, a mantenerse en el lado seguro de la embarcación. Y contemplar el agua correr bajo mis pies que penden en el vacío sentada en la cubierta, y escuchar el silencio y sus risas, y sentir eso que se siente y que embarga el pecho cuando se avanza deprisa…

Posteado por: raquelandia | Noviembre 22, 2007

Tercer Día. Rockhampton

Queensland es simplemente otro mundo. Enfoques donde quieras enfocar la cámara, siempre obtienes una foto bonita, original, única. En Noosa Heads vi por primera vez una señal que advertía de la presencia de koalas, esto simplemente me dejó sin voz. En Fraser Island experimenté la sensación de “perderme” en la selva, de ser vulnerable a todo lo que me rodeaba, de depender, sobrevivir, explorar y disfrutar de un universo de nuevos colores del que por un tiempo formé parte.

En este tercer día en Raquelandia, quisiera intentar describir qué sentí cuando mis ojos vieron por primera vez a un koala de verdad en el zoo de Rockhampton. Parece una tontería, a mí al menos me lo parecía hasta que pude observarlo de cerca. Es algo increíble, aquello que durante toda tu vida has visto sólo en enciclopedias y algún que otro documental, aquello que te han dicho que existe pero que nunca has visto y no crees que verás nunca… estaba allí, delante de mí, bostezando.

Bueno, os dejo que disfrutéis de la tercera parada a lo largo de la costa este australiana, hay mucho que ver…

Posteado por: raquelandia | Noviembre 20, 2007

Segundo día. Noosa Heads y Hervey Bay

En mi segundo día en Raquelandia, partiremos de Melbourne, una ciudad con mucho encanto, enorme, cosmopolita, hermosa, diferente. Pero a ella volveremos más adelante, con más tiempo. Después de tan sólo dos días allí, volé a Brisbane, donde comenzaba un viaje de más de 1700 kilómetros recorriendo la costa de la región de Queensland. Aterrizé una mañana no tan fría, con muchas ganas, dispuesta a la aventura. Con mapa y guía en mano comencé el camino hacia el norte, en busca del Trópico de Capricornio, del calor y de los más bellos, vastos e increíbles paisajes que jamás estos ojos hayan visto.

Antes de comenzar el recorrido, mis amigos y yo reservamos los billetes con antelación en la compañía de autobuses australiana Greyhound (www.greyhound.com.au). Decidimos comprarlos con la opción de dejarlos abiertos, de esta forma cada vez que hacíamos un alto en el camino, buscábamos una conexión a internet para actualizarlo y decidir los lugares que visitar y horarios que más nos interesaban. Australia está llena de “hostels”, y el “backpacking”, aparte de una filosofía de vida, es la manera más común de viajar. Las distancias en este país son inmensas pero las posibilidades de hospedaje infinitas y en muy buenas condiciones.

Y así comenzó todo. Brisbane quedaba atrás y llegaban nuestra primera y segunda paradas:

Posteado por: raquelandia | Noviembre 19, 2007

Primer día. Australia

Hola a todos:

La espera ha merecido la pena. Raquelandia ya está en funcionamiento y comienza hoy, día 19 de noviembre de 2007. Este blog nace con la ilusión de mostrar al mundo su propio reflejo, de descubrir cada rincón del planeta de la manera más amena posible, con un primer filtro a tener en cuenta, mis ojos. Raquelandia es una visión de mi vida, y sumando días he construido lo que soy. Quisiera, en este pequeño espacio, simplemente seguir construyendo.

El día 28 de junio de 2007 pisé Australia por primera vez. Después de más de 22 horas de vuelo y dos días de trayecto a causa del cambio horario, llegué al aeropuerto de Melbourne, habiendo hecho escala primero en Frankfurt y después en Singapur. Eran las seis y media de la mañana y hacía frío. Julio es el mes más frío del invierno australiano. Me quedaban por delante 25 días para disfrutar de un mundo nuevo que se habría ante mis ojos.

Australia es un país impresionante, lleno de contrastes, de cosas que sólamente has visto en los libros, en documentales quizás, que siempre has oído que existen pero que no has visto, sentido, disfrutado. Ante mis ojos se presentaba un inmenso continente que no puedo sólo explicar con palabras, porque no hay suficientes. Así que el primer día de Raquelandia será también el primer día de mi aventura australiana que publicaré en capítulos, sumando días. Aquí tenéis el primero:

Posteado por: raquelandia | Noviembre 18, 2007

En construcción

No impacientarse, Raquelandia estará en breve en funcionamiento, una necesita organizarse primero…

« Entradas Recientes

Categorías