Es difícil y quizás injusto comparar un país con otro… Australia es único. Quizás por ello quise comenzar a sumar días en Raquelandia con el más reciente de los viajes que he hecho, porque ha sido también el que más me ha impresionado… Así que ya que he empezado por el final, desandaré el camino para todos ustedes, pasito a paso, hasta que les haya detallado cada lugar que, bajo la mirada de estos ojitos, ha merecido la pena pisar.
Siguiendo este orden, hoy comienzo mi largo camino por Irlanda, el país que me acogió durante más de un año. Es complicado resumir en palabras tanto tiempo, mucho se acumula y hace cola en la memoria impaciente por salir, sobre todo sentimientos muy dispares que compartiré gustosa, Irlanda es un país de contrastes, merece la pena. Hoy sólo quiero dejarles con algo de música que les introduzca en su ambiente. La primera es la famosa canción a Molly Malone. Según me han contado que dice la leyenda, era una chica que vendía mejillones y berberechos por las calles de Dublin. Debido al frío y a las fiebres altas de aquel invierno, Molly Malone murió sin que se pudiera hacer nada por ella y su fantasma todavía ronda por las calles de la ciudad. Su estatua se encuentra en la céntrica Grafton Street y su canción es una de las más famosas canciones populares irlandesas. Y es algo obligado si quiero empezar a hablar de mi querido Dublín que tanto he echado de menos.