Pasamos dos días increíbles en Ingham, y continuamos nuestro camino. A Cairns, nuestra última parada en Queensland, llegamos por la noche, agotados. Encontramos nuestro hostel, el “Bohemia Resort”, un poco apartado del centro pero muy acogedor y llenísimo de gente de todas las procedencias posibles. Y para nuestra sorpresa, allí encontramos a amigos canadienses que habían viajado con nosotros en aquel barquito velero entre las islas Whitsunday.
Lo mejor de viajar por Australia y especialmente por Queensland, es que mucha gente sigue la misma ruta, y encuentras al mismo grupo en más de una ocasión durante el viaje. Cairns es un lugar turístico donde la mezcla de razas y culturas es simplemente alucinante. Aprendí en Ingham que los habitantes de estas regiones tropicales han vivido durante gran parte de su existencia de las plantaciones de caña de azúcar y la venta de frutas. Hasta la llegada de este turismo tan descomunal que les ha desbordado. Y Cairns es un perfecto ejemplo. Casinos en cada rincón, playas y complejos acuáticos enormes, discotecas, pubs, bares, restaurantes con la mayor variedad de platos que jamás he visto… y los reyes del entretenimiento, los viajes a la Gran Barrera de Coral.
Llama la atención la gran cantidad de ofertas disponibles para ver de cerca a esta, por otra parte, gran maravilla de la naturaleza. El puerto de Cairns está repleto de barcos de todo tipo, en los que se ofrecen viajes en el día, estancias en el mar de una o dos noches, y sobre todo, cursillos acelerados sobre cómo usar las bombonas de oxígeno para poder sumergirse inmediatamente e intentar encontrar a Nemo. Nadar entre el coral, quién lo habría dicho. Y así de fácil. Siempre pensé que resultaría complicadísimo acercarse lo más mínimo al coral, puesto que es un animal vivo y en seria amenaza por el cambio clímatico. Pero no. Allí estaba yo, aletas y a bucear. Y les vi, a todos los amigos de Nemo, y por un instante a él mismo, pez escurridizo donde los haya, incluso nadé entre tortugas, y aquel colorido bajo el agua, increíble. Pero a la vez, me sentí una intrusa, álguien ajeno que les incordiaba, que temían, que no conocían, que no les gustaba.
Tiritando, regresé al barco. Me deshice del traje de neopreno y cogí mi cámara. Aquí tenéis algunas de esas fotos que hice, junto con un recorrido por Kuranda, un pueblecito perdido entre la jungla al que llegué en skyrail y del que regresé en tren. Allí la cultura aborigen se palpa en cada esquina. Y sus animales, indescriptibles.
Caray chica vaya viaje…porque te he visto en alguna foto que si no diria que te has apañado unas postales y listo jejeje…
Ojala me llevaran a algun congreso por esos lugares….
Por: bea0 el Diciembre 1, 2007
a las 6:34 pm